martes 14 de julio de 2009

¡Que paren las rotativas!

47 balas cesa su actividad temporalmente. Me estoy embarcando en publicaciones varias y quiero empezar un nuevo proyecto, una novela, de carácter Cyberpunk.

Para ir abriéndoos repertorio, visitad mi blog compartido, Homo Ex Machina.

El resto irá llegando en un nuevo blog.

Gracias por vuestra lectura.

#47

sábado 11 de julio de 2009

Session #67: Incerteza [HHL]

Segundas ocasiones nunca me gustaron. Y menos repetir procesos, situaciones. Actos.
Disparo.
Y guardo la mano, como quien tira la piedra. Ahora ella no deja de gritar, dolorida. Le sangra el pecho. No es posible diferenciar su líquida herida con el color del vestido. Pero moja, y ya es suficiente señal.
La noche no deja de brindarme malas pasadas. Agarro su cuerpo y lo rodeo con un brazo, para que no caiga. Todos la buscan. Todos la quieren, y yo soy el único capaz de apretarle la zona dañada. El único capaz de tocar lo que brilla con luz propia, y no hablo sólo de manos y sucias miradas.
Y ahora la luz propia empieza a apagarse.
Otra bala que lanzo, y otra ráfaga que noto estrellarse en mi parapeto. No consigo ver posiciones, ni a mis objetivos. Sólo aprieto el gatillo. Y me llevo por delante lo que pueda, hasta mis esquemas de personalidad. Cada "bang" es un llanto sin un jadeo anterior, que sale de mis nervios.
Todo saldrá bien, mi diosa. No va a pasar nada más.
Nada más allá de darte mi vida.
Son cinco. Los cuento a ciegas, por el intervalo de tiempo entre un disparo y otro, y por la cantidad de balas que recibo antes de pararse cada remesa.
Yo uno, que vale como un ejército tras lo que te acaban de hacer, princesa. Soy tu caballero, que no te quepa duda.
Vuelvo a cargar el arma. Y empiezo a sudar. Me da tiempo a encenderme otro pitillo, mientras recibo otra descarga que "masajea" cada vez más fuerte mi espalda. Hasta que la atraviese.
Sería el fin, entonces. Y una historia nunca puede acabar con puntos suspensivos. No si lo narrado es para ti. Para la pequeña a la que me abrazo con todo mi cuerpo. No quiero perderte.
Un chasquido detrás de mí. Algo va a estallar.
¿Punto y final? Agito la mano para que no sea así.
Golpeo algo, y ese algo bota.
La aprieto en mi pecho.
Ella jadea.
La beso. Todo irá bien.
Alguien grita a mis espaldas.
Y el tiempo se para. Entonces...

martes 7 de julio de 2009

Session #66: Summertime [#8]

Mirada al cielo. Una gran pena vivir en pleno verano y tener noches sin nubes. Me acomodo mejor sobre el capó del coche mientras espero. Llevamos horas ya, y me lo demuestra la impaciencia al otro lado del auricular.
- Tío, este no sale. ¿Estás seguro de que sigue ahí?
Lo estoy, y el plan está marchando según lo previsto. Y un poco de comida oriental como propina en mis manos. El barrio sería perfecto si el silencio no lo rompiera la casa que vigilamos. #8, apostado y atento desde una casa de árbol allanada con obvia nocturnidad; así la salida trasera queda cubierta. Y yo, en ataque frontal, por puro placer de que admiren mi cara bonita.
En el edificio, una belleza millonaria ha llamado a unos amigos no menos ricos, para celebrar esas cosas que hacen ellos sin sexo comprometido ni fidelidad conyugal que sirva. Poca cosa: alcohol, baile, una piscina y un servicio de catering con poco más que unos tremendos canapés y un marisco sublime.
Y la fiesta se alarga. No deja de recordármelo mi compañero, cada media hora, como si fuera un sereno. Y más de una vez le recuerdo que está aquí por amor al arte. Menudo bohemio. Me pregunto cuánta hierba llevará encima. Y, puestos a pensar, qué porcentaje me pedirá por haberse follado a mi favor.
- Ojo a la del vestido verde, pelirroja -me chilla el auricular-. Qué escote se calza.
- Despeja el canal, y estate atento -digo cociengo un par de fideos con los palillos para llevármelos a la boca.
- Tranquilo, tío. Esta preciosidad nunca falla.
Obviamente, se refiere a su rifle, y la verdad, es un arma carismática. Pero poco elegante para esta fiesta.
Y tras acabar con mi comida, la paso sobre el techo del coche. Le oigo fumar, y no tabaco precisamente, antes de que el envase que acabo de soltar vuele por los aires.
- ¿Ves? Nunca falla -dice entre risas. Zumbado. Colocado.
- No vuelvas a hacerlo -respondo con absoluta seriedad, tajante. Y vuelve a hacerse el silencio.

***

Cuatro de la mañana. Señal recibida:
- Veo a nuestro pequeño de nuevo. Al parecer se había entretenido con cierta zorrona de la fiesta.
- Me alegra saberlo.
Y, tras otro cuarto de hora, la puerta principal se abre. El pájaro sale del nido. Esta es una noche para que los perros se den un festín con él.
Aviso a #8:
- Vete a casa. Ya hablaremos de cuánto.
Y me acerco a mi hombre. Le corto el paso. Me mira con sus ojos hundidos en los pómulos, y me sonríe. No ha bebido ni una gota, y es simpático y todo.
- Perdone... ¿Qué desea...?
Respondo, calmado. Es la primera norma.
- Deberá venir conmigo. Su chica le esperará en el coche.
La segunda es que las instrucciones deben ser breves, sin entrar en detalles.
- ¿Y quién es usted? -me entretiene.
- Vengo de parte de un amigo. Ahora acompáñeme. Es urgente.
Le pierdo en el vecindario, asegurándome tenerlo a mi lado. No deja de preguntarme cuando nos quedamos a solas. Yo no dejo de negarle cualquier respuesta, excepto las que hagan dudar el acompañarme. En ningún momento -y esto es evidente- le revelo nada. Sé hacer mi trabajo.
Al fin me detengo, junto a mi coche, y cuando va a preguntar, le golpeo el estómago con todas mis fuerzas, usando la rodilla. Luego le tapo la boca con la manos y lo tiro con cierta suavidad al suelo. Por último, lo cargo en el maletero, lo amordazo y lo ato de pies y manos.
Porque del bondage salen cosas maravillosas. Y de un reproductor de música, mejores. Así que, para comenzar mi guerra psicológica, le coloco unos auriculares, bien sujetos con algo de cinta de carretero de oreja a oreja, y luego algo de thrash metal. Hay que saber elegir la canción de cada momento, o la de otros.
Hay que tener iniciativa. Tercera regla.
Cierro la puerta del maletero. Nadie me ha visto ni oido. Perfecto.

***

- ¡Si tardas un poco más me duermo y todo!
#8 sigue despierto. Y yo he llegado cargando a la presa sobre los hombros. Se ha portado bien.
Más le valía.
Dejo la carga en el suelo, y doy instrucciones a mi camarada:
- Vete a tu habitación, quédate fumando, y tápate los oídos.
Es como pedirle a un crío que no se columpie: lo acepta, pero luego lloriquea.
Me agacho hacia el hombrecillo. Sigue sin oirme. Sus ojos como platos. Le aprieto la cabeza contra el suelo. Con el pie. Y con las manos le arranco la cinta que le rodea y le amartilla a base de dobles bombos. Quizá Kreator o Exodus.
Sus ojos se cierran. Sus sienes se endurecen. Dolor apagado. Otro adhesivo le impide gritar como querría.
Guardo el reproductor. Ahora seré yo quien le torture. Mi voz es música desnuda. Y comienza el repertorio tras cerrar la puerta de esta casa en mitad de ninguna parte.
- Mi cliente me ha pedido un número de cuenta que usted posee, y una clave de acceso.
La cuarta norma es que uno nunca tiene la culpa de lo que sufra la víctima. Servidor es una herramienta, no una persona, dentro de un contrato. Y las herramientas no piensan. Sólo son creativas.
La quinta norma es...
No contesta. Tampoco es que pueda demasiado. Todavía tiene una mordaza.
Todavía no tengo ganas de que hable. Porque no lo va a hacer. De momento, él se basta en huir de mí arrastrándose como el gusano que seguro que es. Tampoco es que me importe.
Y lo detengo subiéndome a su torso. Demasiado peso sobre sus espaldas, añadido al que ya tiene dentro de sus recuerdos. Sé lo que ha hecho para merecérselo, aparte de robar mucho dinero.

***

Con ayuda de #8, este bastardo cuelga bocabajo a metro y medio del suelo. De sus manos y pies juntos he amarrado otra cuerda hasta el techo. He creado un péndulo de Foucault viviente. Ed Gein estaría orgulloso de nosotros.
El hombrecillo, por su parte, ya se ha llevado un par de puntapiés en plena nariz. Sangra, y mucho. Toda resistencia es fútil.
Y al fin retiro su mordaza. Le miro a los ojos. Siempre a los ojos. Que vea todo lo que he pasado. Que vea de lo que soy capaz.
- Toda cifra que usted me proporcione -le indico- será comprobada. Por cada clave falsa, se quedará colgado diez años, recibiendo para comer y cenar una pieza de queso y algo de agua.
Porque una celda de aislamiento duele más que la propia muerte.
Comienza el show. Y como es de esperar, niega saber nada. Qué típico.
Cojo al tipo y lo empujo, para que se asegure de que lo del balanceo en el aire va en serio. Le estoy regalando una sesión de ingravidez, qué menos.
Y en mitad de su vuelo, una patada en el estómago. Y otra de parte de mi camarada.
Vomita, y me pone perdidos los zapatos.
- Número y clave -repito, inexpresivo.
- ¡¡No lo sé, déjeme en paz!! -ahora es cuando alguien en su lugar pierde los nervios.
La segunda fase es cambiar el dolor puntual por algo más permanete. Así que le tomo del brazo, y de un fuerte movimiento le provoco una luxación del hombro.
El cerdo chilla como le corresponde, y llora. Quedan tirantes sus tendones.
- Número y clave.
A partir de ahora, cada golpe implica sin necesidad de palabras, una negación suya. Y otra petición mia. Ya sobra cualquier tipo de comunicación verbal.
Vuelvo a balancearlo, para que descubra hasta qué punto puede dolerle un músculo tirante. Y luego, me enciendo un cigarro entre sus gritos. Lo que es capaz de odiarme ahora podría servir como fuego, si tuviera la piedra para prenderlo.
Le ofrezco una calada, y la fuma. Luego lo hago yo, exponiendo la punta contra su párpado izquierdo.
Y vuelve a gritar. Y al fin accede.
Compruebo los datos; está en lo cierto. Maravillas de la informática.
Y por último, saco la pistola del interior de la chaqueta. La quinta norma es que no supiera que iba a morir antes de tiempo.
La primera bala va dirigida contra la luxación, para que los músculos se desgarren, y el torso se separe totalmente del brazo.
Sobra describir el dolor.
El shock lo matará.
Un par de llamadas, y el dinero será mio. #8, que no deja de reirse y fumar delante de la víctima, recibirá las gracias, y poco más.
Tanto como un 5% de los beneficios. Que ya es.

lunes 6 de julio de 2009

Session #65: Encuentro ocasional [mra]

Luces. La ciudad a oscuras, la carretera sólo un medio más de evadirse hasta que pisas la siguiente. Gente de lado a lado. Luces insultándose. Escoria, cifras estadísticas.
Otro cigarro más, otro trago a la petaca. El brazo reposa en la ventanilla, y el rostro serio marca en silencio el compás de la música, el pulso de mi vida. En anacrusa.
Pierdo el rumbo otra vez, me fumo el tiempo, y muevo el volante hacia la próxima salida. Hacía tiempo que no me cansaba conducir. Hacía tiempo que no me cansaba dejar de buscarme.
Hasta que las luces me abandonan, quedando atrás. Y mi coche se detiene. Una gasolinera. Para variar, cuando el trabajo implica disponibilidad para viajar y cambiar de residencia.
¿Lleno? Asiento. Y espero alejado de la estación. La noche me envuelve, y me ilumina sólo el lugar de descanso. Qué irónico es todo, pero al menos en mi posición se puede fumar.
Y vuelvo a la calma. Otra vez. Hasta que...
- Perdona. ¿Tienes fuego?
Y sin invitarla, se sienta a mi lado. Ni me molesto en mirarla; siempre al frente.
- ¿Hacia dónde vas? -insiste en conversar con una primera pregunta, que formula cogiendo el mechero que le extiendo-. Nadie con traje se lo pone para viajar por aquí.
- Nadie espera próxima la muerte. Hay que saber recibirla.
Me señala el bolsillo de la chaqueta.
- Ponte entonces un pañuelo. Te quedaría hasta mejor.
Entrometida.
- ¿Querías fuego? Ya lo tienes.
- Sí. Hay cosas más fáciles de conseguir que otras.
Giro mi cabeza hacia ella. Qué obviedad más cierta.
- ¿Dónde vas tú? -pregunto, por eso de ser educado.
- Al otro lado, y todavía me quedan unos kilómetros. Pero estoy sin batería, sin pinzas, y esperando la grúa. Seguro que podrías llevarme.
- Ni lo sueñes.
- Hace tiempo que no puedo soñar. Mi bolsillo me lo impide.
Cada respuesta es más surrealista. Cada palabra, una respuesta ingeniosa. Poca gente se tira a mi vida de cabeza, aunque le importe un huevo.
Acabo mi cigarro, y ella el suyo. Tiempo suficiente para volver a jugármela.
- Vamos.
Porque a veces un solitario precisa de compañía con la que hablar. Me lo dice la mirada, iluminada de nuevo durante los próximos metros.
Habla ella, apoyada en el cristal. Vuelan sus palabras acompañadas con la música, hacia mis oídos.
- ¿En qué trabajas?
Ya le he echado un vistazo antes como para hacerlo de nuevo. Así que respondo sin mirar.
- Soy... empresario.
- ¿Y a cuánta gente matas a diario?
- No mato gente.
- Tu alma está sucia, luego tus ojos también. Eres un libro abierto.
- No lo soy.
- No quieres serlo. Eres esclavo de cómo eres.
Todo un trabalenguas. Sus argumentos son de peso, y mi poca experiencia como conversador no va a hacerme seguir discutiéndole. Así que cambio de tema.
- ¿En qué trabajas tú?
- En algo no tan interesante para ti.
- Eso es algo que no sabes.
- Tus...
- ¿Eres una especie de adivina o algo? Mis ojos son, y punto -pierdo los nervios sin hacerlo con el tono de voz. Pero se ha notado, y ella se ríe.
- Sí, puedo ver hasta el arma que guardas en la guantera sin abrirla.
- Nunca llevo nada con pólvora ahí. Sólo música -touché-. Mi arma siempre pegada a mí.
- Espero que sepas manejarla.
Dios maldiga la ambigüedad.
Vuelve a hacerse el silencio, tras una segunda carcajada suya.
Y pasa media hora, hasta que me pide bajarla en un albergue.
- Pasaré la noche aquí -me dice. Y quito el cierre de las puertas. Enciendo otro cigarro, y desaparece en el edificio.
Piso el acelerador de nuevo. Vuelvo a quedarme solo, con mi coche, y la carretera.
Toda una metáfora existencial.

viernes 3 de julio de 2009

Session #64: De cine [HHL]

Siempre quise que mis actos tuvieran su consecuencia negativa. Que matar una cucaracha atrajera al resto del nido, y no me hiciera dormir con ellas. Esto del anonimato, es lo que tiene. Nunca hubo una identidad que ocultar.
Siempre quise ser actor. Profesional, obviando que el oficio lo requiera ya de por sí. Que mis romances fueran todos de Oscar. Siempre quise que la vida tuviera como fin el principio de una gran amistad, una chica preciosa a la que besar, y un coche en el que irme sin más por mitad del desierto.
Y una palabras de cine, claro. Un "te quiero" a la dama más perfecta, un beso antes del brindis, y una noche de pasión "memorable". Decir adios al día siguiente, y hola a la carretera el de después.
Dormir en coche, matar en un tren, y hablar con quien lleva años tras de mí antes de visitar la prisión. Asaltar un banco y que salga mal.
Por querer, quiero dormir más de 6 horas y abrazarte más de 23, y robarle a un Dios tras un beso, aunque me condene para el resto de mis días. Entonces, no necesitaré del Séptimo Arte.

miércoles 1 de julio de 2009

Session #63: Bienaventuranza [HHL]

Se la llevan. Y yo, gilipollas de mí, permanezco espectador. Siempre espectador, desde medianoche hasta el infinito. Se la llevan. A las 2 y cuarto, y lo único que puedo soportar aquí parapetado son los gritos que puede estar dando. No me llama, pero me busca, o eso creo. Al menos, yo a ella sí. Y se la llevan, por mi culpa, y sin yo quererlo.
La noche se torna tranquila en lo climático. El tiempo mantiene su ritmo para los puros, y se para con los imbéciles. Es difícil cargar un arma en un segundo, y nos brinda ese derecho. El de permanecer en silencio, ya veremos. Hoy la indiferencia no asistirá en mi más que posible funeral. Jamás le gustaron los contenedores de basura como en el que me he metido.
Se la llevan, y se resiste. La empujan contra una limusina. Y grita. Mi alma también, antes de amordazarse a sí misma, y antes de volver a soltarse, tras el disparo que se oye fuera. Ella se queja, y dejan de arrastrarla.
Entonces salgo. Y defiendo estas Termópilas urbanas, abriendo fuego a discreción. Plantando mi falante. Aplastando a estos persas de traje.
Ella intenta arrastrarse. Han herido a ese ángel, y hasta perros como yo sueñan con ir al Cielo, con zarpas y dientes. Con dos pistolas que no dejan de disparar, acompasadas.
Sacras.
Y ella llora lágrimas benditas, mientras se aprieta la herida en sus alas, mientras me abro paso hasta encontrar a mi Jerjes, mi Ángel Caído, en el asiento de atrás. Tras de mí, sus hordas acabadas, y la sangre que mana de mi hombro sin importancia.
Cojo al emperador del cuello. Ella observa. A él, le hundo el cañón en el paladar. Catador de plomo recibe un primer tiento, un amago. El tiempo pasa aún más despacio para él, mientras su asiento se humedece.
Y aprieto el gatillo. Ella se tapa la boca, y me deja rugir lejos de toda metáfora. Fuego, fuego. ¡FUEGO! Hasta desencajar su mandíbula, su garganta, sus pómulos. Gasto tantas balas como me place, como la furia me obliga.
Fuego. Tantas veces que hasta ella llora. Y hago de la cara de Lucifer algo irreconocible.
Es entonces cuando el perro vuelve a casa herido, sin decir nada, en mitad de la noche, dejando a un ángel en la tierra.
Bienaventurado el que la ha defendido, porque de él es el Reino de los Cielos.

jueves 4 de junio de 2009

Session #62: Exijo

Pido un minuto, una manera de detener el tiempo aquí arriba. Que la noche se ilumine con lo urbano. Que la lluvia tan sólo me moje cuando me mueva.
Pido un respiro, una calada que saque todo lo que hago y he hecho por sobrevivir. No te exijo más, no voy a buscar posiciones elevadas. Voy a analizar lo que ya he pisado. Voy a tragarme una última copa antes de sentarme y volver a cargar mi indiferencia. Porque la caja suena en los pulsos débiles.
Porque no quiero volver al principio. Porque quiero resumir lo contado en cada disparo. Y quiero que el pasado me enseñe, que el futuro me prepare, y el presente pueda definirlo en dos veces mi identidad. Sólo palabras.